sáb. Ago 30th, 2025

LIMA, PERÚ – Por primera vez en la historia, un bar peruano ha sido galardonado con el prestigioso Michter’s Art of Hospitality Award, otorgado por The World’s 50 Best Bars. Lady Bee, ubicado en el vibrante distrito de Barranco, ha sido reconocido como un ejemplo mundial de hospitalidad. Este espacio, que combina coctelería, cocina y arte, fue fundado por Alonso Palomino junto a Alejandra León y Gabriela León. Para Palomino, el premio es tanto un orgullo como una gran responsabilidad.

Fue una sorpresa inmensa, pero también una señal de que estamos en el camino correcto. Lo tomamos con temple y como un impulso para que la coctelería en Lima y en Perú tenga la misma fuerza que nuestra gastronomía“, explica el bartender.

De un espacio íntimo a un nuevo escenario en Barranco

Lady Bee abrió sus puertas en 2021, en pleno contexto de pandemia, con apenas 18 asientos en un pequeño local en Miraflores. “Abrimos cuando nada parecía favorable: aforos reducidos, mascarillas, muchas restricciones. Éramos solo cinco personas en el equipo, pero creímos en nuestra propuesta”, recuerda Alonso. Hoy, el bar cuenta con un espacio renovado en Barranco con capacidad para 38 personas, lo que permite recibir tanto a limeños curiosos como a visitantes de todo el mundo.

El crecimiento ha sido más rápido de lo que pensaron: en 2023 ingresaron por primera vez a la lista de los 50 Best en el puesto 52, siendo reconocidos como Campari One To Watch. Un año después alcanzaron el puesto 16 y, en 2025, reciben este premio especial a la hospitalidad.

La hospitalidad con identidad peruana

Más allá de la coctelería de autor, Lady Bee ha puesto la hospitalidad en el centro de su propuesta. Palomino lo explica así: “Queremos que cada persona que entra sienta que está llegando a una casa, a una familia, no a un bar más. La hospitalidad se construye desde el servicio, pero también desde cómo cuidamos a nuestro equipo, desde la salud mental hasta la formación y la posibilidad de crecer dentro de la industria”.

Esa filosofía se refleja en cada detalle: desde la bienvenida hasta la interacción cercana con el cliente, pasando por un espacio diseñado para conectar. La estética del bar, inspirada en la apicultura, utiliza cristalería, guarniciones y objetos elaborados por artesanos locales en cerámica, cobre y madera recuperada.

Una coctelería con historia

La propuesta líquida y gastronómica de Lady Bee busca contar historias del Perú a través de ingredientes y conceptos. Su carta más reciente, Pollination, es un viaje inspirado en el recorrido de las abejas por distintos ecosistemas: amazónico, andino y costero. “La coctelería puede ser una herramienta para narrar la diversidad y rendir homenaje a quienes producen los ingredientes que usamos“, señala el bartender.

Además, Lady Bee trabaja con un equipo interdisciplinario que incluye especialistas en cacao, café y fermentos, así como artesanos y diseñadores. “Queremos que la experiencia sea multisensorial, que el visitante descubra un pedazo del Perú en cada cóctel”, agrega Alonso.

El premio llega en un momento en que la gastronomía peruana vive un gran reconocimiento mundial gracias a restaurantes como Central y Maido. Para Alonso, la coctelería debe acompañar ese nivel: “Cuando alguien viene a Lima no solo busca comer bien, también espera beber bien. No deberíamos desentonar. Perú tiene cócteles clásicos como el chilcano o el capitán, pero también un universo de ingredientes y culturas que permiten crear propuestas únicas“.

El vuelo de Lady Bee

El equipo no quiere dormirse en los laureles. El cofundador asegura que el reconocimiento es apenas un paso más en una búsqueda constante: “Ser autocríticos nos ha llevado a mejorar siempre. Cada visita a Lady Bee tiene que ofrecer algo nuevo, aunque sea un detalle. Queremos consolidar el bar como un espacio sólido, pero también inspirar a nuevas generaciones de bartenders”.

Con apenas cuatro años de historia, Lady Bee se ha convertido en un símbolo de cómo la hospitalidad, la identidad y la innovación pueden situar a la coctelería peruana en el mapa mundial. Y, como dice Alonso, en representación de sus compañeras, este reconocimiento no es solo para ellos, sino “para todos los que creen que la barra también puede ser un escenario de cultura, diversidad y comunidad“.