vie. Ago 29th, 2025

BUENOS AIRES, ARGENTINA – El queso, un alimento presente en la dieta de millones de personas alrededor del mundo, ofrece importantes beneficios nutricionales, pero también plantea ciertos riesgos si no se consume con moderación. Este producto lácteo es una fuente rica en proteínas y calcio, elementos esenciales para el organismo. Sin embargo, su contenido en grasas saturadas, sodio y calorías requiere un consumo responsable.

Un análisis de Verywell Health subraya la importancia de elegir adecuadamente el tipo de queso y controlar las porciones para mantener un equilibrio saludable. Según la Central de Datos Alimentarios del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA FoodData Central), una porción de 28 gramos de parmesano aporta 10 gramos de proteína, mientras que el suizo, cheddar y mozzarella ofrecen cantidades ligeramente menores.

Valor nutricional: proteínas y calcio

El queso es conocido por su alto contenido en proteínas completas, especialmente caseína, que contiene todos los aminoácidos esenciales. Según datos del USDA, el requesón proporciona 12,5 gramos de proteína en media taza (113 gramos), lo que lo convierte en una excelente opción para satisfacer las necesidades diarias de proteínas, cruciales para la reparación y mantenimiento de los tejidos corporales.

Además, el calcio presente en el queso contribuye significativamente a la salud ósea. Los quesos duros, como el parmesano, contienen más calcio que los blandos, con una porción de 28 gramos de parmesano aportando hasta 260 miligramos de calcio. Este nutriente es vital para prevenir enfermedades óseas, siempre que el queso se consuma como parte de una dieta equilibrada.

Probióticos, riesgos y sugerencias para el consumo

Más allá de las proteínas y el calcio, algunos quesos ofrecen probióticos, bacterias beneficiosas para la salud intestinal. Investigaciones indican que variedades como el suizo, provolone, gouda y cheddar contienen estos microorganismos. Se recomienda verificar las etiquetas para identificar productos con “cultivos vivos” o “activos”.

No obstante, el consumo excesivo de queso puede presentar riesgos, especialmente debido a su contenido en sodio. Variedades como el suizo, mozzarella, ricota y queso de cabra son preferibles para quienes desean limitar la ingesta de sal. Además, el valor calórico del queso, especialmente los quesos duros, es un factor a considerar para quienes buscan controlar su peso.

Queso y salud cardiovascular: riesgos y recomendaciones

El riesgo cardiovascular asociado al consumo de queso se debe principalmente a su contenido en grasas saturadas, que puede elevar el colesterol LDL. La Asociación Estadounidense del Corazón recomienda limitar la ingesta de grasas saturadas a menos de 13 gramos diarios. Optar por quesos bajos en grasa, como el requesón, ricota, mozzarella y feta, puede ser una estrategia adecuada para quienes buscan controlar el colesterol.

A pesar de las advertencias, el impacto del queso en la salud cardiovascular sigue siendo un tema de debate. Algunos estudios sugieren que consumir alrededor de 40 gramos de queso al día podría asociarse con una menor incidencia de enfermedades cardíacas, aunque se requieren más investigaciones para confirmar estos hallazgos.

Para integrar el queso de manera saludable en la dieta, se recomienda comparar el contenido de sodio, grasa y calorías entre productos, controlar las porciones y preferir quesos rallados o curados, que permiten intensificar el sabor con menores cantidades.

En conclusión, la moderación y la variedad son esenciales para aprovechar los beneficios del queso y minimizar los riesgos. Su inclusión en la dieta diaria debe formar parte de una estrategia alimentaria que priorice la diversidad, incluyendo verduras, cereales integrales, frutas, grasas saludables y proteínas magras.