dom. Ago 31st, 2025

BUENOS AIRES, ARGENTINA – El kétchup, un condimento omnipresente en las mesas de todo el mundo, tiene una historia tan rica como su sabor. Aunque hoy es conocido como el aderezo favorito de millones, sus orígenes son sorprendentemente medicinales. Este producto, cuya evolución abarca más de 2.000 años, fue inicialmente una salsa fermentada en China, utilizada como remedio para diversas dolencias antes de transformarse en el símbolo de la gastronomía moderna.

El viaje del kétchup comienza alrededor del año 300 a.C., cuando marineros chinos preparaban una salsa fermentada de pescado conocida como “ke-tchup”. Esta salsa, notable por su ausencia de tomate, fue introducida en Europa en el siglo XVII por comerciantes europeos, quienes la modificaron incorporando ingredientes locales.

Transformaciones a través de los siglos

Uno de los primeros registros europeos del kétchup data de 1732, bajo el título “Ketchup in Paste, From Bencoulin in the East Indies”, vinculado a la actual Indonesia. En Europa, la salsa evolucionó con la adición de setas, nueces y flores de saúco. Una receta inglesa de 1787 incluía ingredientes como anchoas y chalotas, pero aún no incorporaba tomate.

El tomate, que llegó a Europa y América en el siglo XVI desde Sudamérica, fue inicialmente temido debido a la toxicidad de sus hojas. Sin embargo, en el siglo XVIII, médicos ingleses y estadounidenses comenzaron a promover sus supuestas propiedades medicinales, cambiando la percepción pública. El historiador Andrew F. Smith destaca cómo esta aceptación permitió que el tomate, conocido como “love apple” por su fama afrodisíaca, se integrara en la dieta y en el kétchup.

El auge medicinal del tomate

El médico inglés John Gerard ya en el siglo XVI sugirió que los tomates cocidos eran seguros para el consumo. Para 1750, los médicos británicos recetaban tomates para problemas digestivos y hepáticos, una práctica que se extendió a América. Thomas Jefferson, influenciado por el doctor John de Sequeyra, promovió el consumo de tomates en Virginia, creyendo en sus beneficios para la salud.

La fe en las propiedades medicinales del tomate se consolidó en Estados Unidos, donde médicos como John Cook Bennett lo recomendaban para la diarrea e indigestión. En 1835, el doctor A.J. Holcombe lanzó las primeras “píldoras de tomate” en Alabama, mientras que otros vendedores ofrecían cápsulas prometiendo curas milagrosas, aunque muchas no contenían tomate.

Industrialización y popularización

Con el tiempo, el escepticismo médico creció y, hacia 1865, la creencia en las propiedades curativas del tomate comenzó a desvanecerse. Paralelamente, el avance en el embotellado comercial permitió la expansión del kétchup. En 1869, Henry John Heinz fundó la H.J. Heinz Company y en 1876 incorporó el “catsup” a su línea de productos, promoviendo su fiabilidad y salud mediante botellas de vidrio claras.

La Ley de Alimentos Puros y Medicamentos de 1906 en Estados Unidos reforzó la confianza en productos industriales como el kétchup. Las campañas publicitarias de las empresas ayudaron a consolidar su presencia, especialmente con el auge de la comida rápida en el siglo XX. En los años 80, las botellas plásticas aseguraron su lugar en prácticamente todos los hogares.

Hoy en día, el kétchup sigue siendo el condimento de tomate más consumido en Estados Unidos, un testimonio de cómo la medicina y la industria alimentaria convergieron para crear un ícono culinario indispensable.